EL APOCALIPSIS Y LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO

EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

INTERPRETACIÓN  CAPÍTULO IX

“Y mi visión siguió: oí un águila que volaba por lo más alto del cielo y que decía con voz potente: ‘¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Pobres de los habitantes de la tierra cuando resuene el sonido de las trompetas que los tres últimos ángeles van a tocar!’ Y tocó el quinto ángel. Vi entonces una estrella que del cielo había caído a la tierra. Le entregaron la llave del pozo del abismo. Al abrir este pozo, subió una humareda como la de un inmenso horno, que oscureció el sol y el aire. De este humo salieron langostas, que se esparcieron por la tierra. Podían causar el mismo daño que los alacranes de la tierra. Se les ordenó que no dañaran ni praderas, ni hierbas, ni árboles, sino sólo a los hombres que no llevaran en la frente el sello de Dios. No podían matarlos, sino únicamente atormentarlos durante cinco meses. El dolor que producen se parece al de la picadura del alacrán. En esos días los hombres buscarán la muerte sin hallarla; querrán morir, pero la muerte se les esconderá. Al verlas, estas langostas se parecen a caballos equipados para la guerra. Parece que tuvieran coronas de oro en la cabeza y cara como de seres humanos. Sus cabellos son como cabellos de mujer, y sus dientes, molares de león; sus pechos parecen corazas de hierro; y el ruido de sus alas, la bulla de un ejército de carros con muchos caballos que corren al combate. Tienen colas como de alacranes, y las colas, aguijones para torturar durante cinco meses a los hombres. Al frente, como rey, llevan al ángel del abismo, cuyo nombre hebreo es Adabón y en griego, Apolión (en castellano, Destrucción). El primer ay ha pasado. Vienen otros dos ayes después de éste. Tocó el sexto ángel. Entonces oí una voz que venía de las cuatro esquinas del altar de oro colocado delante de Dios, y que dijo al sexto ángel: ‘Suelta a los cuatro ángeles encadenados a orillas del gran río Éufrates’. Y soltaron a los cuatro ángeles que esperaban la hora, el día, el mes y el año, listos para exterminar a un tercio de los hombres. El número de los soldados a caballo era de doscientos millones; es el número que oí. En mi visión yo vi esos caballos y a quienes los montaban. Estos llevan corazas color de fuego, de jacinto y azufre. Las cabezas de los caballos son como cabezas de leones, y de sus bocas sale fuego, humo y azufre. Entonces un tercio de los hombres fue exterminado por estas tres plagas: el fuego, el humo y el azufre que los caballos lanzaban por el hocico. Porque el poder de los caballos está en el hocico; pero también en sus colas. En efecto, éstas son como serpientes, y tienen cabezas con las que hacen daño. Sin embargo, los demás hombres que no fueron exterminados por estas plagas, no renunciaron a los falsos dioses que se habían hecho: no dejaron de adorar a los demonios, a esos ídolos de oro, plata, bronce, piedra y madera, incapaces de ver, de oír o de andar. No, no se arrepintieron de sus crímenes, ni de sus brujerías, ni de su inmoralidad sexual, ni de sus robos”

El presente es, sin duda, uno de los pasajes más aterradores de la profecía de San Juan. No es extraordinario afirmar que este texto solo puede ser interpretado en el tiempo presente. Para la antigua comunidad cristiana y para todos aquellos que vivieron antes del siglo XX, este fragmento, en su totalidad, era prácticamente incomprensible. Aunque en el texto anterior se hacen algunas referencias directas a los antiguos ejércitos romanos; hay simbolismos que, únicamente, hasta el día de hoy tienen sentido para el lector.

La primera parte de este mensaje nos anuncia los tres últimos signos, que recaerán sobre la humanidad antes de la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo a la Tierra. Estas tres últimas señales corresponden al toque de las tres últimas trompetas que van a sonar. Por cada toque de trompeta aparece un terrible desastre; por eso se escuchan tres ayes, los cuales indican los impresionantes dolores de parto que: Experimentó, experimenta y experimentará la humanidad. Así es, y así está escrito:

“Y mi visión siguió: oí un águila que volaba por lo más alto del cielo y que decía con voz potente: ‘¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Pobres de los habitantes de la tierra cuando resuene el sonido de las trompetas que los tres últimos ángeles van a tocar!’ “

Pocos pasajes bíblicos pueden llegar a ser tan horrendos, como aquel se encuentra a continuación:

“Y tocó el quinto ángel. Vi entonces una estrella que del cielo había caído a la tierra. Le entregaron la llave del pozo del abismo

La expresión “pozo del abismo” se refiere, directamente, al reino de las tinieblas. El reino de las tinieblas es el infierno. El diablo, los ángeles caídos, y toda alma condenada tienen como hogar el infierno. Así es, porque así está escrito:

“Después un ángel bajó del cielo llevando en la mano la llave del abismo y además una enorme cadena. Agarró al monstruo, la serpiente antigua, o sea, Satanás, el diablo, y lo encadenó por mil años. Lo arrojó al abismo, y cerró su entrada con llave, y la aseguró con candados, para que en adelante ya no engañara a las naciones hasta que pasen los mil años. Luego será dejado en libertad por un poco de tiempo”
Apocalipsis 20, 1 - 3

La “estrella que del cielo había caído a la tierra” se refiere a Luzbel, el príncipe de los ángeles caídos. No es muy difícil verificar esta correlación. Desafortunadamente, el diablo es mencionado en muchos textos de las sagradas escrituras, como está escrito:

“¿Cómo caíste desde el cielo, estrella brillante, hijo de la Aurora? ¿Cómo tú, el vencedor de las naciones, has sido derribado por tierra? En tu corazón decías: ‘Subiré hasta el cielo y levantaré mi trono encima de las estrellas de Dios, me sentaré en la montaña donde se reúnen los dioses, allá donde el Norte se termina; subiré a la cumbre de las nubes, seré igual al Altísimo’ Mas, ¡ay!, has caído en las honduras del abismo, en el lugar adonde van los muertos
Isaías 14, 12 - 15

“Tocó el tercer ángel, y cayó del cielo una estrella grande, como un globo de fuego, sobre la tercera parte de los ríos y de las fuentes. La estrella se llama Ajenjo, y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo y mucha gente murió a causa de las aguas, que se habían vuelto amargas”
Apocalipsis 8, 10 - 11

“Vi entonces una estrella que del cielo había caído a la tierra. Le entregaron la llave del pozo del abismo. Al abrir este pozo, subió una humareda como la de un inmenso horno, que oscureció el sol y el aire”

En la antigüedad el que tenía las llaves era el encargado. En el antiguo Israel el sumo sacerdote era el portador oficial de las llaves del Templo. Cuando Cristo le entrega las llaves a Pedro, lo que le está entregando a su apóstol es la autoridad sobre su Iglesia. Por tanto, el fragmento “Vi entonces una estrella que del cielo había caído a la tierra. Le entregaron la llave del pozo del abismo” se refiere al futuro poder que se le entregará al diablo para que pueda salir del infierno con todos sus demonios, e ir a parar a la Tierra en el Día de la Ira de Dios. El diablo es la fuente universal del pecado. Con el pecado entró la muerte al mundo. La muerte y el diablo son una misma cosa. El “lugar de los muertos” es el infierno, porque todo demonio y toda alma condenada son muertos vivientes. En el Día de la Cólera del Señor la Tierra será un infierno, porque el mismo infierno estará en la Tierra. Para creerlo, hay que leer lo que fue profetizado:

“Ustedes afirman: ‘Hemos hecho  un contrato con la Muerte, y con el Lugar de los Muertos hemos firmado un acuerdo. Por eso, cuando pase el vendaval destructor no nos hará nada, pues nos hemos refugiado en la mentira y en el engaño nos hemos escondido’. En vista de todo esto, el Señor Yahvé les dice: Miren cómo yo coloco en Sión una primera piedra cuadrada, preciosa y firme: ‘El que se apoye en ella, no se moverá.’ Pondré el derecho como regla y la justicia como nivel. El granizo aplastará el refugio de la mentira y las aguas inundarán su escondite. Será roto su contrato con la Muerte y el acuerdo con el Lugar de los Muertos ya no tendrá más valor. Cuando pasé el vendaval destructor los aplastará”
Isaías 28, 15 - 18

“Cuando abrió el cuarto sello, oí el grito del cuarto viviente: ‘Ven’. Se presentó un caballo verdoso. Al que lo montaba lo llaman la muerte, y detrás de él montaba otro: el lugar de los muertos. Se le dio permiso para exterminar la cuarta parte de los habitantes de la tierra por medio de la espada, del hambre, de la peste y de las fieras”
Apocalipsis 6, 7 - 8

“En ese momento empezó una batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra el monstruo. El monstruo se defendía apoyado por sus ángeles, pero no pudieron resistir, y ya no hubo lugar para ellos en el cielo. Echaron, pues, al enorme monstruo, a la serpiente antigua, al Diablo o Satanás, como lo llaman, al seductor del mundo entero, lo echaron a la tierra y a sus ángeles con él
Apocalipsis 12, 7 - 9

“Gritó con voz poderosa: ‘Cayó, cayó Babilonia la grande; ahora quedó transformada  en guarida de demonios, en asilo de toda clase de espíritus impuros, en refugio de aves impuras y asquerosas”
Apocalipsis 18, 2

“Y tocó el quinto ángel. Vi entonces una estrella que del cielo había caído a la tierra. Le entregaron la llave del pozo del abismo. Al abrir este pozo, subió una humareda como la de un inmenso horno, que oscureció el sol y el aire”

En el Día de la Ira de Dios la gente morirá de espanto y desesperación al verse rodeada por demonios y ángeles caídos. En el Día de la Cólera del Señor desaparecerán las dos terceras partes de la raza humana, como fue profetizado desde la antigüedad:

“Hiere al pastor para que se dispersen las ovejas, que yo me encargaré de matar a los corderitos. Y en todo el país, amenaza Yahvédos tercios serán exterminados, y sólo se salvará un tercio”
Zacarías 13, 8

“Tocó el tercer ángel, y cayó del cielo una estrella grande, como un globo de fuego, sobre la tercera parte de los ríos y de las fuentes. La estrella se llama Ajenjo, y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo y mucha gente murió a causa de las aguas, que se habían vuelto amargas”
Apocalipsis 8, 10 - 11

En el libro del Apocalipsis hay pasajes que coinciden, perfectamente, con las últimas revelaciones de la Santísima Virgen María y Nuestro Señor Jesucristo. Por esto, se aclara que en el Vaticano, el 15 de noviembre de 1966, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe, bajo su Santidad Pablo VI, eliminó el artículo 5to del capítulo 1339 del Código de Derecho Canónico; el cual no permitía publicar nuevas revelaciones, apariciones, visiones, profecías, etc. Tomando como referencia este permiso, en la interpretación del presente pasaje apocalíptico anexo el fragmento de un mensaje entregado por  la Santísima Virgen María, en una de sus apariciones sobrenaturales, con referencia al Día de la Ira de Dios. El Día de la Ira de Dios ha sido profetizado, detalladamente, por la Santísima Virgen María, en lo que se conoce como la profecía de los tres días de tinieblas.

“He visto que durante los tres días de tinieblas no va a haber ningún diablo o demonio suelto en el infierno, pues todos estarán en la Tierra durante esos tres días, tan oscuros que uno no podrá ver ni su propia mano. En estos días, los que no estén en estado de gracia, van a morir de temor por los demonios horribles que se van a ver, o van a morir de pura locura. La virgen me dijo que yo cerrara las ventanas y las puertas y que no escuchara a nadie que me hablase de afuera, del exterior. La mayor tentación que tendremos es que, el diablo o los demonios, van a imitar las voces de aquellas personas que más amamos. Ella me dijo: ‘Por favor, no les pongas atención porque no son tus amados; son demonios tratando de sacarte de la casa’ “
Visión del Fraile David López, el 15 de agosto de 1987, en Medjugorje (Antigua Yugoeslavia)

La expresión “Al abrir este pozo, subió una humareda como la de un inmenso horno, que oscureció el sol y el aire” está interpretada en el link correspondiente a Las Profecías del Fin del Mundo. De todas maneras, este último fragmento nos debe llevar a una profunda reflexión sobre la presente carrera armamentista internacional. El poderío nuclear de las actuales bombas atómicas es, sencillamente, aterrador. Los líderes mundiales que impulsan el uso de tecnologías nucleares para su defensa, simplemente, son títeres de satanás. No es para nada alentador realizar una comparación entre la explosión de la bomba atómica en Hiroshima, durante la segunda guerra mundial, y el texto apocalíptico anterior. La descripción que nos ofrece San Juan es el dibujo perfecto del terrible estallido de una bomba nuclear: “Al abrir este pozo, subió una humareda como la de un inmenso horno, que oscureció el sol y el aire”. Oremos, permanentemente, por la paz del mundo, para que este tipo de eventos destructivos no se vuelvan a repetir.

Como si la comparación anterior no fuera, suficientemente, preocupante; el texto apocalíptico siguiente es, desafortunadamente, una visión de las horrorosas guerras recientes, presentes y futuras:

“De este humo salieron langostas, que se esparcieron por la tierra. Podían causar el mismo daño que los alacranes de la tierra. Se les ordenó que no dañaran ni praderas, ni hierbas, ni árboles, sino sólo a los hombres que no llevaran en la frente el sello de Dios. No podían matarlos, sino únicamente atormentarlos durante cinco meses. El dolor que producen se parece al de de la picadura del alacrán. En esos días los hombres buscarán la muerte sin hallarla; querrán morir, pero la muerte se les esconderá”

Este fragmento se encuentra entre los más desagradables y terribles del Apocalipsis. Es realmente impresionante el poder profético de Dios, que permite a su servidor Juan tener una visión de las guerras de nuestra época, con una anticipación de casi 2000 años en el futuro.

No resulta lógico hablar de “langostas”, que no dañan “ni praderas, ni hierbas, ni árboles”. Las langostas son insectos voladores, que tienen como especialidad destruir cultivos. Cuando San Juan usa el término “langostas” se refiere, específicamente, a los aviones y helicópteros de combate usados en las guerras recientes, presentes y futuras; cargados con misiles y bombas, entre otros instrumentos bélicos. El poder militar de las actuales fuerzas aéreas del mundo crece día a día. Grandes presupuestos son empleados por muchos gobiernos para el diseño y construcción de tecnologías cada vez más destructivas.

La expresión “Se les ordenó que no dañaran ni praderas, ni hierbas, ni árboles, sino sólo a los hombres que no llevaran en la frente el sello de Dios” hace referencia a la futura muerte y desaparición de todos los pecadores del mundo en el Día de la Ira de Dios. Tú no sabes ni el día, ni la hora. Por eso, debes estar preparado, en estado de gracia, en todo tiempo y lugar. El Señor llega como un ladrón. Dichoso el criado fiel que espera vigilante a su amo, el Señor le dará por herencia la Tierra. Desgraciado el empleado infiel que, al darse cuenta que su patrón tarda en llegar, administra mal los bienes de su amo. Cuando venga su Señor será arrojado al fuego eterno que no se apaga. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Así es, y así está escrito:

“Entonces la muerte y el lugar de los muertos fueron arrojados al lago de fuego. En esto consiste la segunda muerte: el lago de fuego. Todos los que no se hallaron inscritos en el libro de la vida fueron arrojados al lago de fuego
Apocalipsis 20, 14 - 15

El número cinco, en la biblia, se refiere al quinto mandamiento de la ley de Dios: No matarás. Igualmente, el número cinco es igual al cociente de diez entre dos. Si dos corresponde al valor numérico que representa el testimonio; el inverso de dos hace referencia al antitestimonio. El número diez simboliza el poder político y la autoridad. Así, el valor numérico correspondiente a cinco representa un tiempo de antitestimonio del poder político, es decir, un tiempo de guerra. Por tanto, el pasaje “No podían matarlos, sino únicamente atormentarlos durante cinco meses” representa la enorme tribulación por la que pasaron, siguen pasando, y pasarán todos los pueblos que sufren las horribles consecuencias de los diferentes conflictos armados en el mundo, durante la historia de la humanidad. Desde la invención de la pólvora hasta nuestros días, las poblaciones involucradas en las distintas guerras sufren terribles dolores causados por profundas quemaduras en la piel, dejadas por las explosiones de bombas, y el fuego generado por la artillería militar. Frente a estas impresionantes dolencias, los hombres desesperados han buscado la muerte sin hallarla. Estos dolores son, sin duda, similares al dolor producido por la picadura de un alacrán. Por eso, el autor del Apocalipsis escribe:

“Podían causar el mismo daño que los alacranes de la tierra... El dolor que producen se parece al de la picadura del alacrán. En esos días los hombres buscarán la muerte sin hallarla; querrán morir, pero la muerte se les esconderá”

Que al lector no le parezca extraordinario que Dios le haya permitido ver a San Juan, con casi dos mil años de anticipación, la visión de los pilotos de los actuales helicópteros y aviones de combate con cascos brillantes sobre sus cabezas… ¿De qué otra forma se puede interpretar el siguiente texto apocalíptico?

“Al verlas, estas langostas se parecen a caballos equipados para la guerra. Parece que tuvieran coronas de oro en la cabeza y cara como de seres humanos”

San Juan acentúa la gran iniquidad causada por la guerra, a través de toda la historia de la humanidad, cuando realiza una completa descripción del uniforme y el transporte utilizado por los antiguos ejércitos romanos en los primeros siglos del cristianismo, como aparece escrito a continuación:

“Sus cabellos son como cabellos de mujer, y sus dientes, molares de león; sus pechos parecen corazas de hierro; y el ruido de sus alas, la bulla de un ejército de carros con muchos caballos que corren al combate. Tienen colas como de alacranes, y las colas, aguijones para torturar durante cinco meses a los hombres”

El texto “Tienen colas como de alacranes, y las colas, aguijones para torturar durante cinco meses a los hombres” nos recuerda, inevitablemente, los cazabombarderos más modernos. Los actuales aviones de combate tienen la forma de insectos voladores con alas, cola, y misiles de largo y corto alcance. La comparación que hace el autor entre misiles y aguijones es, sencillamente, explícita y determinante. La expresión “durante cinco meses” hace referencia a un tiempo de guerra. En las sagradas escrituras se menciona la guerra como signo previo de la llegada del Día de la Ira de Dios. Así es, porque así está escrito:

¡Ante este pueblo invasor tiembla la tierra, se estremecen los cielos, el sol y la luna se oscurecen y las estrellas pierden su brillo! Yahvé hace oír su voz, al frente de su ejército: numerosos son sus soldados, poderosos los que cumplen sus órdenes. Porque grande y temible es el día de Yahvé. ¿Quién podrá soportarlo?
Joel 2, 10 - 11

“Después les dijo: ‘Se levantará una nación contra otra, y una raza contra otra. Habrá grandes terremotos, pestes y hambre en una y otra parte. Se verán también cosas espantosas, y señales terribles en el cielo’ “
San Lucas 21, 10 - 11

Satanás habita en el corazón de una pequeña corte de súbditos, que encabezan gobiernos militares, comunistas, musulmanes, y masónicos. Estos mandatarios se aferran al poder, como la serpiente se aferra a la rama podrida de un árbol. Estos grandes líderes hablan de cambio y justicia social, mientras el pueblo padece hambre y sed. En estos regímenes se proclama la defensa de las instituciones públicas, la libertad y la democracia, mientras se disfrazan los crímenes de estado contra la población civil. Estos gobiernos promueven el terrorismo, el odio, y la carrera armamentista internacional. A esta clase de líderes se refiere el autor del Apocalipsis, cuando escribe:

“Al frente, como rey, llevan al ángel del abismo, cuyo nombre hebreo es Adabón y en griego, Apolión (en castellano, Destrucción)”

¿Quien puede negar que a lo largo de los últimos dos siglos han existido importantes líderes mundiales que han llevado a la humanidad a grandes guerras y desastres?... El diablo no solamente habita en el infierno con sus ángeles caídos… El diablo también vive en el corazón de muchos hombres y mujeres, que han derrochado ambición por mayor poder político en el calor de guerras, revoluciones, y sometimiento militar indiscriminado de ciudades indefensas, y países enteros. Poco antes del fin del mundo el último anticristo ascenderá al poder. El hijo predilecto del diablo será el mayor perseguidor de la cristiandad, como nunca lo hubo, ni lo habrá hasta el fin del mundo. La relación existente entre el último anticristo y el pasaje “Al frente, como rey, llevan al ángel del abismo, cuyo nombre hebreo es Adabón y en griego, Apolión (en castellano, Destrucción)” está explicada, detalladamente, en el link correspondiente a Las Profecías del Fin del Mundo.

Esta es la visión de San Juan cuando el sexto ángel toca la sexta trompeta del Apocalipsis.

“Tocó el sexto ángel. Entonces oí una voz que venía de las cuatro esquinas del altar de oro colocado delante de Dios, y que dijo al sexto ángel: ‘Suelta a los cuatro ángeles encadenados a orillas del gran río Éufrates’ Y soltaron a los cuatro ángeles que esperaban la hora, el día, el mes y el año, listos para exterminar a un tercio de los hombres. El número de los soldados a caballo era de doscientos millones; es el número que oí. En mi visión yo vi esos caballos y a quienes los montaban. Estos llevan corazas color de fuego, de jacinto y azufre. Las cabezas de los caballos son como cabezas de leones, y de sus bocas sale fuego, humo y azufre. Entonces un tercio de los hombres fue exterminado por estas tres plagas: el fuego, el humo y el azufre que los caballos lanzaban por el hocico. Porque el poder de los caballos está en el hocico; pero también en sus colas. En efecto, éstas son como serpientes, y tienen cabezas con las que hacen daño”

Dios es Amor. Del Todo Poderoso procede todo lo bueno y noble que hay en el mundo. Dios es el autor de la Vida. Como se distancia el bien del mal, como se aleja el odio del amor; así mismo, existe un abismo insondable entre el cielo y el infierno, entre Dios y satanás. El Creador del Universo, como padre amoroso, respeta el libre albedrío de los hombres y mujeres de este mundo. Si el Señor hubiera querido seres perfectos sobre la tierra, habría creado ángeles en vez de seres humanos. La guerra y el ansia de poder político y económico son las más terribles manifestaciones de satanás en el interior del corazón del hombre. Si en Dios está la unidad, en satanás está la división; si en el Padre Eterno está el amor, en el diablo solo puede habitar el odio y el rencor. Dios se vale de las guerras y los desastres para purificar, espiritualmente, a una humanidad insensata y pecadora. Solo a través del sufrimiento muchos logran alcanzar las gracias espirituales, que la riqueza, el poder, el placer, y la fama han quitado. Para el Creador del Universo la verdadera felicidad no se haya en esta Tierra, donde todo es pasajero y efímero. Para el Todo Poderoso la verdadera felicidad se haya en el amor que experimenta el espíritu humano al encontrarse con su Supremo Hacedor por toda una eternidad. Por eso, nada debe perturbar la paz interior que habita en el corazón del auténtico creyente, porque Dios protege a los justos y castiga a los necios y pecadores, como está escrito:

“Tocó el sexto ángel. Entonces oí una voz que venía de las cuatro esquinas del altar de oro colocado delante de Dios, y que dijo al sexto ángel: ‘Suelta a los cuatro ángeles encadenados a orillas del gran río Éufrates’ Y soltaron a los cuatro ángeles que esperaban la hora, el día, el mes y el año, listos para exterminar a un tercio de los hombres”

El número tres, en la biblia, se refiere a la Santísima Trinidad, la cual reúne las tres divinas personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por tanto, el inverso de tres, equivalente a “un tercio”, personifica a la humanidad insensata y pecadora que se niega a convertir a Cristo Jesús, Señor Nuestro. Así, la expresión “listos para exterminar a un tercio de los hombres” representa la futura muerte y desaparición de todos los infieles a Dios en el Día de la Ira de Yahvé. Todo lo referente a la futura Cólera del Señor se encuentra más, ampliamente, explicado en el link correspondiente a Las Profecías del Fin del Mundo. El texto anterior es la reiteración de lo que está escrito:

“Los siete ángeles de las siete trompetas se prepararon para tocar. Tocó el primero, y se produjo granizo y fuego, mezclado con sangre, que fueron lanzados a la tierra. Y la tercera parte de la tierra se quemó con la tercera parte de los árboles y toda la hierba verde”
Apocalipsis 8, 6 - 7

“Entonces un tercio de los hombres fue exterminado por estas tres plagas: el fuego, el humo y el azufre que los caballos lanzaban por el hocico”

Cada país del mundo se distingue, fácilmente, por su bandera, su escudo y sus costumbres, muchas de ellas ancestrales. Existen, igualmente, símbolos y tradiciones que no se pueden ocultar, y son un signo de cada nación. La música flamenca es símbolo de España, la Tour Eiffel representa a Paris, la estatua de la libertad refleja a New York, el tango es patrimonio musical de la Argentina. De la misma manera, los símbolos contenidos en la revelación entregada por San Juan, en el toque de la sexta trompeta, nos describen una nación en particular. Este país, del cual nos habla el autor del Apocalipsis, tiene varias características. Ser un pueblo muy numeroso es una de esas características, porque solo un país con una población gigantesca puede llegar a reunir un ejército tan grande, como está escrito:

“El número de los soldados a caballo era de doscientos millones; es el número que oí”

La segunda característica de este inmenso país la hallamos en la expresión “Suelta a los cuatro ángeles encadenados a orillas del gran río Éufrates”. Como sabemos, la antigua Babilonia estaba bañada por los ríos Tigris y Éufrates. Para el momento en que escribe San Juan, Babilonia representaba el gran imperio romano, es decir, el poder político dominante y perseguidor. El texto precedente guarda, igualmente, estrecha relación con las citas bíblicas que vienen a continuación:

“El sexto ángel derramó su copa en el gran río Éufrates; entonces sus aguas se secaron, dejando paso libre a los reyes de oriente
Apocalipsis 16, 12

Secaré los ríos y entregaré el país a hombres feroces, y lo aniquilaré por medio de extranjeros. Yo Yahvé soy quien lo dice”
Ezequiel 30, 12

Así, la segunda característica de esta nación tiene que ver con ser un país del oriente. La tercera característica no es tan clara, como las dos anteriores, pero, desgraciadamente, apunta hacia la misma dirección.

“En mi visión yo vi esos caballos y a quienes los montaban. Estos llevan corazas color de fuego, de jacinto y azufre”

En el pasaje anterior, el autor del Apocalipsis profetiza la aparición de un ejército de un país que hará temblar al mundo. Haciendo referencia a las características propias del armamento de esta nación, San Juan escribe “Estos llevan corazas color de fuego, de jacinto y azufre”. Esta última expresión, no solamente, se refiere al futuro poder destructor de la artillería militar de un país oriental. El texto “color de fuego” es un claro señalamiento a los colores que simbolizan a esta nación, es decir, los colores de la bandera oficial de esta república. Recordemos que los dos colores presentes en el fuego son: El amarillo y el rojo.

Alemania no es el país sobre el cual escribe San Juan, porque Alemania pertenece al bloque occidental de Europa. Lo que resulta paradójico aquí es la coincidencia existente entre el fragmento “color de fuego, de jacinto y azufre” y la bandera alemana, la cual tiene tres franjas, a saber: Amarilla, roja y negra. El color amarillo es el color predominante en el fuego; el color del jacinto corresponde a un rojo encendido; el azufre, a altas temperaturas, presenta una tonalidad roja oscura. De esta manera, la expresión “color de fuego, de jacinto y azufre” nos recuerda, inevitablemente, los tres colores de la bandera alemana. Si tenemos en cuenta que Alemania fue el promotor de las dos primeras guerras mundiales, ¿Qué se puede esperar del país oriental, el cual es descrito, minuciosamente, por San Juan? El lector sacará sus propias conclusiones.


La cuarta característica del país oriental, sobre el cual escribe el autor del Apocalipsis, es demasiado evidente como para no tomarla en cuenta. Basta con leer el siguiente pasaje bíblico:

“Las cabezas de los caballos son como cabezas de leones, y de sus bocas sale fuegohumo y azufre. Entonces un tercio de los hombres fue exterminado por estas tres plagas: el fuego, el humo y el azufre que los caballos lanzaban por el hocico. Porque el poder de los caballos está en el hocico; pero también en sus colas. En efecto, éstas son como serpientes, y tienen cabezas con las que hacen daño”

La descripción anterior es el dibujo perfecto de un dragón con varias cabezas y colas. Según la mitología, los dragones eran monstruos voladores que lanzaban fuego por la boca. Estos seres tenían cabezas similares a la de un león, y sus colas eran puntiagudas como la de una serpiente. Así, la nación, a la cual se refiere San Juan, tiene como símbolo el dragón. Este país asolará al mundo entero, siendo precursor de la futura desaparición de gran parte del género humano en el Día de la Ira de Dios, como está escrito:

“Entonces un tercio de los hombres fue exterminado por estas tres plagas: el fuego, el humo y el azufre que los caballos lanzaban por el hocico

La descripción anterior también nos recuerda los actuales tanques de guerra. Los tanques de guerra modernos tienen cabezas como de leones, y grandes cañones similares al “hocico” descrito por San Juan. La artillería de los actuales tanques de guerra, efectivamente, produce fuego y humo por el arsenal destructor propio de estos vehículos de combate. Lo que no queda claro es el uso del término “azufre” en el texto “Entonces un tercio de los hombres fue exterminado por estas tres plagas: el fuego, el humo y el azufre”. La palabra “azufre”, en este fragmento apocalíptico, está explicada en el link correspondiente a Las Profecías del Fin del Mundo.

La expresión “Porque el poder de los caballos está en el hocico; pero también en sus colas. En efecto, éstas son como serpientes, y tienen cabezas con las que hacen daño” guarda especial semejanza con los aviones de guerra contemporáneos, y los actuales helicópteros de combate. Ambas aeronaves militares cargan, normalmente, misiles, los cuales son similares a las “cabezas” mencionadas por el autor del Apocalipsis. Hoy en día, no hace falta mencionar el daño que podrían causar las cabezas nucleares, que pueden llegar a descargar los aviones de combate más sofisticados de los países más desarrollados del mundo.

China es el país más poblado del mundo. La población China ha sido calculada en alrededor de 1300 millones de habitantes, aproximadamente, la quinta parte de la población mundial. China es el símbolo por excelencia del lejano oriente. La bandera China tiene como fondo el color rojo acompañado con estrellas de color amarillo, como se puede observar más adelante. El único país del mundo antiguo y moderno, que siempre se ha identificado con la imagen del dragón, es China. Cuando San Juan escribe las líneas correspondientes a la profecía contenida en el toque de la sexta trompeta del Apocalipsis se refiere, especialmente, a la actual y futura República Popular China.


China se erige, en la actualidad, como la futura primera potencia del mundo. Al igual que la antigua Babilonia, descrita por San Juan (el antiguo imperio romano), el gobierno chino persigue, sistemáticamente, al nuevo pueblo de Dios: La Iglesia Católica. La actual persecución del régimen comunista chino sobre el pueblo cristiano y otros grupos contrarios al Maoísmo es, sin duda, muy preocupante.

Oremos por la pronta y pacífica transición del actual gobierno comunista a un régimen más democrático e incluyente para todos los habitantes de la República Popular China. Que cese la persecución política y religiosa en uno de los países más antiguos, más desarrollados, y más hermosos del mundo. Roguemos a Dios para que no permita la aparición de un nuevo sucesor de Adolph Hitler en China, ni en ningún otro país del mundo. Son esta clase de líderes mundiales los que desencadenan las más terribles guerras, que tanto daño le hacen a la humanidad. Desafortunadamente, el siguiente texto del antiguo testamento confirma lo previamente interpretado.

“¡Día de tinieblas y de oscuridad, día de nubes y de espesa niebla! Un pueblo numeroso y fuerte, como jamás hubo otro ni lo habrá después de él, avanza y se extiende como aurora sobre los cerros. El fuego devora delante de él, detrás de él la llama abrasa. Delante de él, un jardín de delicias; detrás de él queda un desierto. No hay nada que se pueda salvar. Son semejantes a poderosos caballos y se lanzan como caballerías, saltando por los cerros. Como el estruendo de carros, como el sonido de la llama de fuego que devora la paja seca. Son como un pueblo poderoso en orden de batalla. Ante él se estremecen los pueblos, todos los rostros palidecen”
Joel 2, 2 - 6

El último fragmento a interpretar de esta sección del libro del Apocalipsis es, sin duda, un fuerte llamado a la conversión universal para el tiempo presente en el que vivimos.

“Sin embargo, los demás hombres que no fueron exterminados por estas plagas, no renunciaron a los falsos dioses que se habían hecho: no dejaron de adorar a los demonios, a esos ídolos de oro, plata, bronce, piedra y madera, incapaces de ver, de oír o de andar. No, no se arrepintieron de sus crímenes, ni de sus brujerías, ni de su inmoralidad sexual, ni de sus robos”

Después de la segunda guerra mundial, después de la guerra de Corea, después de la guerra en Vietnam, la humanidad sigue peor que antes, como si nada hubiera pasado. La gente de este mundo se aferra, tercamente, a sus vicios y pecados. El decir popular es: “Este mundo se va a acabar, y hay que gozarlo antes de que se acabe”. El mayor peligro de la sociedad actual está en la pérdida del sentido del pecado. Hoy en día, hay personas que afirman: “Pecado es lo que no se hace”. Por eso, San Juan describe a la humanidad de nuestro tiempo como aparece escrito a continuación:

“Sin embargo, los demás hombres que no fueron exterminados por estas plagas… No, no se arrepintieron de sus crímenes, ni de sus brujerías, ni de su inmoralidad sexual, ni de sus robos”

En la antigüedad era muy común adorar estatuas de oro, plata, bronce, piedra y madera. El pueblo judío solía ofender gravemente a Dios, realizando este tipo de rituales e idolatrías a dioses paganos extranjeros. Hoy en día, la situación no ha cambiado mucho. El mundo moderno está lleno de fanáticos de grandes ídolos musicales, actores, políticos y deportistas. La humanidad actual se encuentra arrodillada ante el dios poder, el dios dinero, el dios fama y el dios placer. Es increíble, pero hay museos en el mundo donde aparecen estatuas de cera, dedicadas a “los grandes personajes y artistas de la humanidad”. Por eso, está escrito:

“no renunciaron a los falsos dioses que se habían hecho: no dejaron de adorar a los demonios, a esos ídolos de oro, plata, bronce, piedra y madera, incapaces de ver, de oír o de andar”

Que el presente mensaje llegue a tu corazón para que te conviertas a Cristo Jesús, Señor Nuestro. Sólo a Dios puedes adorar, sólo a Él puedes rendir culto. Si necesitas sentir especial admiración por alguien famoso, ahí está la Santísima Virgen María, modelo de virtudes cristianas para toda la humanidad.

Señor Padre Todo Poderoso y Eterno permite la conversión de los pecadores de este mundo. Te rogamos por la paz del mundo, y el futuro reinado de amor y justicia social en todos los rincones del planeta. Te lo pido por los méritos de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.